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La última milla - The Last Mile

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Mi historia en el maratón de Boston 2013

Adrián: Aun es de noche, salimos del apartamento de nuestro primo en Cambridge para tomar el tren rumbo a la emblemática ciudad de Boston. La adrenalina ya corre por mi cuerpo, el momento para el cual entrenamos había llegado “El maratón de Boston”. Mis amigos me esperan en el Lobby del Boston Marriot Hotel donde me despido de mi chaparra quien me da un beso, un fuerte abrazo y nos deja buenos deseos, ya que ella se quedaría ahí para mas tarde formar la porra oficial del grupo.

Montze: Recuerdo llegar muy temprano al hotel y quedarme en el cuarto de Esther platicando super a gusto y preparando todo para ir a echar porras a mi esposo y a Mau (novio de Esther)

Adrián: Caminamos hacía los autobuses que nos llevarían a Hopkinton a 42,195 metros, donde inicia nuestra aventura, rodeado de más de 35,000 corredores el ambiente es extraordinario, todos llevamos la misma meta, todos tenemos los mismos deseos. La incertidumbre sobre ¿que ritmo tomar?, ¿que estrategia seguir?, ¿como lograremos mejores resultados? en esta agotante prueba que dura en promedio 4 horas con 20 minutos.






Se escucha el disparo de salida y los gritos extenuantes de los participantes que emocionadamente nos empezamos a mover con dificultad entre la multitud. Hombres, mujeres, jóvenes, adultos, primerizos, expertos, en silla de ruedas, con una pierna, enanos y todos moviéndonos en el mismo sentido, todos siendo inspiración y alimento para nuestro objetivo.




Apenas hemos recorrido un par de kilómetros y ya nos hemos separado los tres amigos, cada quien había tomado su ritmo. Era momento de concentrarse en la estrategia y de disfrutar la soledad que implica correr un maratón que es comúnmente interrumpida por las porras que amablemente nos alientan kilometro a kilometro. Bosques, pueblos, lagunas y el continuo rio de gente que corría, eran nuestros primeros paisajes. La frase “vengo entero” aun era evidente, la duda que siempre acompaña esas palabras de ¿podré ir mas rápido y aguantar el ritmo? es cada vez mas insistente en nuestra cabeza, pero el plan es el plan y uno debe apegarse a el.

Cruzamos la primera mitad sin problemas, ahora empieza la cuenta regresiva en nuestra mente, pero las piernas empiezan a cobrar la factura del cansancio un poco mas adelante. Es el quinto maratón que corro y el segundo en el que intento hacer un tiempo en específico. La meta 3:45 minutos, pero mis piernas están cansadas y aun no llego a la famosa pared “The Wall” que normalmente pega cerca del kilómetro 30 por el agotamiento físico y químico del cuerpo que ha consumido la energía del mismo y aun debe mantenerse en pie por otros 12 Km.

Es el primer maratón que corro con celular, pues el día anterior en la expo donde recogemos el número oficial y el chip de registro, decidí comprarme una cangurera donde metería el alimento que debería consumir durante la carrera para regresar algo de energía al cuerpo y mantener el ritmo y donde llevaría el celular para sacar las fotos que les comparto y mantener la comunicación con mi esposa. Así que por el kilometro 24 recibí un mensaje de Montze que me esperaba después de la milla 17 del lado derecho. Después de pasar 2 horas 20 minutos corriendo, con un cansancio físico importante, el momento de encontrarte con la gente que amas es un momento indescriptible. “Adrián, Adrián” grita Montze y corro a ella para saludarla, sacarme una foto y pedirle agua con el propósito de echarme un poco en las piernas esperando que el frio del clima hiciera un efecto refrescante y desinflamante de mis muslos que ya sentía adoloridos. Montze me insistía a seguir corriendo y a no pararme, pero en el fondo se que ese descanso a su lado valdría la pena y sabía que no podría mantener ese ritmo por mucho tiempo mas.
Montze : Fuimos a desayunar a Starbucks, mientras hacíamos tiempo para irnos a la última estación de la línea verde Riverside y poder ver de cerca y en tiempo a Adrián, cuando lo vi es una emoción muy padre por que llega un momento que ves tanta gente que no sabes si ya pasó o no y ves pasar tanta gente que va dando todo por terminar el maratón. Cuando vi a Adrián se paró para tomar agua, para echarse agua en las piernas y me llamó la atención que se parara por que en maratones anteriores nunca se paraba, pero en fin ahora entiendo tantas cosas, hasta recuerdo que me dio coraje por que perdía tiempo y no iba a cumplir con su meta de hacer menos de 4 horas.

Adrián: Pues no se si me conozco muy bien o si la cabeza me lo cumplió, pero efectivamente un par de kilómetros adelante empezaron los calambres en los muslos, la famosa “pared” había llegado y mi ritmo bajaba drásticamente. La gran ventaja es que nos íbamos acercando a la ciudad de Boston y con ello grandes momentos nos acompañaron, uno el Wellesley College, un colegio de mujeres que salen a animarnos con cartelones chistosos, besos y buena vibra. Yo, obvio, tenía prohibido acercarme demasiado!

Cada subida era un suplicio, los muslos me pedían que me rindiera, mi cabeza mi engañaba con falsas ideas, mi espíritu me mantenía adelante. Es así como alcanzo a un grupo de corredores vestidos de azul a quienes todos los corredores apoyaban. Mi gran sorpresa fue encontrarme con Dick y Rick Hoyt, a quienes seguramente todos recordaran por ese gran video de un papá que empuja a su hijo con capacidades diferentes durante un ironman; simplemente harina de otro costal! Un par de héroes deportistas que han demostrado lo grande que se puede llegar con buenos deseos, gran espíritu y compañerismo.

Otro gran momento fue al ternimar la temible “Heartbreak Hill” y encontrarse con la porra del Boston College, donde el estruendo es tal que sientes como todos los nervios de tu cuerpo se electrifican y la adrenalina regresa a ti, al menos por unos momentos mas.



El famoso letrero de Citigo se ve a unos metros avisándome que la meta esta a escasos kilometro 600 metros, la última milla y posiblemente a partir de ahora “The Green Mile” pues aquí inicia el otro maratón, uno mas difícil, uno mas cansado, uno que no quería correr pero que la vida me puso en mi camino.

Escucho dos sonidos muy fuertes que me hacen pensar en el día patriótico que se celebraba en Boston festejando las primeras batallas de la guerra revolucionaria de los Estados Unidos de Norte America. Por unos instantes volteo a la ciudad de Boston, donde no veo nada raro, volteo al cielo esperando ver como unos jets acaban de romper la barrera del sonido arriba de mi, pero tampoco había nada, así que simplemente no hice mayor caso al sonido y segui mi camino por 1 kilometro y 100 metros más hasta llegar a Comonwealth Avenue donde vería como un grupo grande de policías formaban un cerco y evitaban que siguiéramos corriendo, lo cual es verdaderamente extraño e inesperado. Mis tiempos ya no son los que buscaba, así que no me importaba perder unos minutos mas en este reten, pero ¿Porqué estaban haciéndolo?. Un policía le grita a otro “Take them back” (regresalos), refiriéndose a que corrieran por los corredores que aun alcanzaron a pasar delante de mi y que debían detenerse de inmediato, así que observo como 5 o 6 policias corren para lo que parecería una tacleada de futbol americano.



Un minuto mas tarde, le pregunto al policía mas cercano que era lo que sucedía y me contesta que hubo un par de explosiones en el área de la meta y no podríamos serguir corriendo. Es ahí cuando recuerdo los dos fuerte sonidos que escuche un kilometro atrás y mando un mensaje por Whatsapp a un grupo de mi familia para decirles que había explotado algo en Boston, que yo estaba bien y que Montze no me contestaba el teléfono, que la buscaran todos!

El policía nos pide abandonar la carrera e irnos a resguardar a nuestras casas, así que abandone la carrera, para buscar mi hogar, buscar a Montze quien en mi mente estaría en la meta 500 metros adelante para verme llegar en aproximadamente 3 minutos.




Montze : Después de que lo vimos pasar esperamos a que pasara el esposo de otra amiga y Mau, quien tardó mucho para pasar por que también venía super cansado y lastimado. Cuando ya pasó, nos fuimos a la estación de metro a esperar ya que había mucha gente, total tuvimos que esperar un segundo metro por que iba muy lleno. Cuando íbamos en el metro, me llegó un correo informando que Adrian ya había pasado el km 30 y en ese momento se me acabó la pila. Justo estando arriba del metro estábamos en la disyuntiva si nos bajábamos en una estación antes de la meta o en una estación después de la meta y caminábamos, ya que la estación justo de la meta estaba cerrada. Decidimos bajarnos en una estación después de la meta que era Arlington, gracias a Dios y de ésta manera caminar hacia las gradas, donde fue una de las bombas, ya que teníamos un pase VIP que nos habían dado para esperarlos en la meta y verlos desde las gradas, ahí era donde nos íbamos a volver a ver con los que iban corriendo.


Adrián: Justamente a mi me paro el cerco de policías al iniciar la línea morada del lado izquierdo de la foto, esta línea muestra el recorrido que nos falta para la meta y nos marcan donde ocurrieron las dos explosiones cerca de la meta. Este recorrido morado ya estaba resguardado por los policías, pero aun era pronto para pensar que todas las rutas y entradas alternas estarían custodiadas, asi que me metí por la siguiente entrada hacía la calle Boylston donde tendría mi primer encuentro con la realidad con la que se vivía este atentado terrorista. Camino a la intersección de Boylston y Gloucester St. Me encontré con gente llorando, otros alterados hablando por teléfono, otros apenas lastimados en el piso, otros desmallados, pero mi gran sorpresa fue que así como me asome por la calle Boylston, unos 7 policias con la expresión en su rostro de miedo y corriendo hacia nosotros nos gritan “Run, run, everybody run” (corran, corran, todos corran) y salimos corriendo hacia atrás, de donde veníamos para salvarnos de algo que indiscutiblemente hacía que peligraran nuestras vidas. Una persona grita que nos metamos a su casa y decido tomar esa opción, sin embargo al llegar a la puerta de la entrada de los apartamentos me pregunta que a quién conozco a lo que respondo que a nadie y me cierra la puerta en la cara. Por ello me pongo en cunclillas y me resguardo en la entrada del apartamento por unos segundos y al percatarme que nada pasaba corro hacia el callejón que me llevaba de forma paralela hacia la meta. Este posiblemente fue el único momento en que pensé que mi vida corría peligro, el resto realmente todo era Montze y su bienestar!



El miedo me invade por completo y mis pensamientos empeoran cada metro que recorro, las siguientes intersecciones observo que están mas custodiadas y que aun no me llevaban a la meta, así que continuo hasta la intersección que se encuentra pasando la meta entre Boylston y Dartmouth Street donde un policía me pide que me vaya de ahí, pero al mismo tiempo corre al otro lado de la acera para sacar a un grupo mas grande de la zona y ahí me le escabullo detrás para llegar a Boylston donde sin duda pase uno de los peores momentos de esta tragedia. Frente a mi estaba la carpa médica y a mi derecha la meta del maratón y las bombas, así que observe un sin número de heridos que en camilla, silla de ruedas o mal caminando se dirigían hacía la carpa medica, gente sin extremidades, sangre y terror llenaron mis ojos y mi corazón. Montze seguía sin contestarme y era claro, al menos para mi, que estaba herida y que por ello no me contestaba, así que solicitaba a los policías me dejaran pasar a la carpa medica, petición que fue negada tantas veces que simplemente ya sin amabilidad y sin opción me “pidieron” retirarme de la zona.

Montze : Justo cuando nos bajamos del metro caminamos en dirección hacia la meta cuando de repente oímos una explosión y pocos segundos después otra explosión y vimos humo blanco, pero nos imaginamos que era algo relacionado con “Patriots Day”. Seguimos caminando pero veíamos la cara de la gente como desencajada y le dije a Esther yo creo que ya vamos tarde para la meta, mejor vamos a la Letra que nos quedamos de ver para esperar a Adrián. Llegamos y yo estaba con mi letrero de “Bam Bam” (mi esposo) pero yo veía que la gente pasaba llorando, que todo mundo estaba hablando por celular, pero todavía no sabía que habían explotado dos bombas, ahora si que las vimos pero no supimos. Me empiezo a poner nerviosa por que obviamente no llega Adrián, empiezo a ver helicópteros y policía y nos fuimos a Starbucks a conectar mi celular. Llegando a Starbucks empiezo a ver las noticias y me pongo muy nerviosa, veo la escena en la que el viejito se cae por el estallido, que murió un niño, que hay mucha gente sin piernas, en fin…. Noticias espantosas. Mi celular seguía sin prender, no me explico por que. Me empiezan a ver nerviosa, me dan agua y un señor me pregunta que si me puede ayudar en algo y le pido que con su celular rastre el número de corredor de mi esposo y me dice que lo último que tiene es que su hora estimada de llegada será a las 4:10:11 y veo el reloj que aparece en las noticias cuando estalla la bomba y dice 4:09:43, obviamente mi preocupación es cada vez mayor y me dice el señor que me vaya al Medical Tent para ver como estaba mi esposo.



Salimos corriendo de Starbucks hacia Medical Tent, gracias a Dios estaba con Esther por que yo me estaba volviendo loca, parecía en una serie de “24” ya que estaba lleno de helicópteros, ambulancias, FBI, marines y todo mundo estaba llorando, corriendo, en fin de verdad como de película. Llegamos al medical tent y nos dijeron que no podemos pasar y que no hay ningún informe, que nos tenemos que ir a nuestro hotel por que hay mas amenazas de bombas.

Adrián: Caminaba hacia el hotel con la angustia de no saber nada de Montze, de vivir estas terribles escenas y de ya haber visto la magnitud del problema en el que me encontraba. Así que por un instante pienso en la posibilidad de que Montze hubiera fallecido y simplemente no puedo describir esa sensación, me pregunte ¿Cómo iba a educar a mis hijos yo solo? ¿Qué iba a ser de mi vida sin ella? Y rápidamente busque una respuesta auto comfortante… “Montze esta herida, pero esta bien, no supongas cosas que no haz comprobado Adrián, ánimo”. Es así como con llanto, impotencia, miedo, angustia y resignación me pongo a rezar y a caminar rumbo al hotel sede, ya que mi último mensaje a Montze le decía que alla la esperaba, que me contestara!

Mi hermana Ani me marca y así como contesto escucho mi nombre “Adrián” y se me acaba la pila del celular, así que simplemente supuse que me hablaba para preguntarme como estaba, lo que aquí entre nos me dio algo de desesperación por que yo quería que buscaran a Montze, no que me hablaran a mi. Lo que no sabía era que justamente me hablaba para decirme que ya había hablado con ella y que iba rumbo al hotel.

Montze : Seguimos corriendo y casi en la esquina del hotel me entra una llamada de mi cuñada, preguntándome que si estoy bien, que llevan casi 1 hora buscándome y que Adrián le urge saber como estoy, y en ese momento se que Adrián también está en el hotel esperándome, en ese momento ya lo que pasaba afuera ya estaba en cámara lenta, yo ya no era parte de la película por que ya estaba tranquila de saber que Adrián estuviera bien. Para esto en el inter me intentaban llamar mis papas, suegros, amigos y no les entraba mi celular o se cruzaba la línea y contestaba alguien mas y juraban que eran los doctores por que yo estaba herida.

Adrián: Llego llorando al hotel, busco a Montze y a mis amigos en sus habitaciones sin éxito y me regreso al lobby. En la recepción me ofrecen ayuda y les pido que me busquen como tener acceso a la medical tent o una lista de heridos mientras me prestan un cargador para mi celular. Al paso de unos minutos mi celular vuelve a prenderse y entra un mensaje de mi familia que dice “Montze esta bien, ya va para el hotel” lo que simplemente me regresa la paz a mi cabeza y me suelto en lágrimas de saber que todo había terminado ya.

Montze : En el momento que llego al hotel y voy bajando las escaleras, veo a Adrián recargado en el mostrador de Información y le grite, obvio fue super emocionante vernos sanos y salvos y saber que ya estábamos juntos.

Adrián: Después de que llega Montze, veo a Esther y minutos mas tarde a Mauricio, igualmente nos enteramos por teléfono que Carlos y Fernanda estaban en otro hotel sanos y salvos y solo nos queda esperar a que pase la tormenta por completo. En eso llega un policía al lobby y grita “Everybody be quiet, go to your room now” (Todos guarden silencio, vayan a sus cuartos ahora). Es impresionante como el miedo de todos y una autoridad bien ejercida hizo que el lobby se desolara en segundos. Así que subimos al cuarto de Mauricio y Esther para buscar a nuestros demás amigos, relajarnos, cargar los celulares, contestar a nuestros familiares y claro obedecer. Mas tarde nos enteramos que en el túnel que unía al hotel con el mal había otra bomba que no estallo o que si controlaron.

Gracias a Dios, nuestros amigos corredores de Puebla estaban bien, Rafa, Hilda, Sergio.



Las noticias y las imágenes en la televisión son abrumadoras, las llamadas, mensajes y gente que pregunta por nosotros nos hace sentirnos que no estamos solos, acompañados, queridos. Un poco mas tarde escuchamos una tercera explosión, parece que detonaron “controladamente” otra bomba que no se habló con claridad en las noticias, pero recuerdo que casi de forma inmediata se comentaba en las noticias de un incendio en la librería de Boylston, para mi era mas que obvio que se trataba de este tercer explosivo.

La ciudad parecía en guerra, los militares nos miraban como si fuéramos los autores de tales actos, una desconfianza presente todo el tiempo, un miedo que mantenía nuestra absoluta concentración en el hoy, en lo que se decidía cada minuto. Para salir a la calle te preguntaban todo, pedían la llave de tu hotel, simplemente en Boston se vivía un toque de queda y la calle era terreno militar.

El martes intentamos regresarnos a casa, con pase de abordar en la mano, esperando a que nos suban al avión, cancelan absolutamente todos los vuelos del aeropuerto y nos hacen regresarnos a Boston donde dormimos una noche mas. Es así que hasta el miércoles por la noche logramos llegar a casa y donde inicia mi tercer maratón.

El jueves simplemente quise estar como muégano con mi familia, mi esposa, mis hijos y yo permanecimos en la casa sin hacer absolutamente nada. Pero viernes, sábado, domingo y lunes tuve una depresión que nunca vi venir. No tenía ganas de trabajar, de entrenar, de salir, mi sobrina nació y yo simplemente estaba ido y con ganas de quedarme en la casa. Reconociendo esta sensación me auto motivaba a salir, a hacer mi vida normal, a ser consciente que todo estaba bien y que ya había pasado el peligro. Hasta que mi mamá me ayudo a entender que sentía, mi madre me hizo reconocer que tenía una sensación de fracaso en mi papel protector de mi familia, creo que el hecho de pensar que mi esposa estaba muerta, aunque no fuera cierto, se quedo bien guardada en el subconsciente y solo haciendo este pensamiento consciente logré salir de la depresión y ahora platicarlo como un logro por reconocer estos puntos que me dejo la experiencia como aprendizaje:

1) No podemos creernos tan poderosos de asegurarnos el control de todas las cosas. La humildad de saber que necesitamos de Dios nos ayuda a entender nuestra verdadera posición en este mundo. ¿Control? De que si ni mi celular puedo cuidar.

2) Reconocer que si bien tengo un matrimonio muy bonito, siempre debo tener presente la necesidad de no perder los detalles, de alimentarnos día a día. De no sentir que me falto dar amor a los que quiero.

3) Nosotros podemos intentar crear el rumbo de nuestras vidas, pero al final la vida es lo que es y debemos quererla con sus aciertos y sus problemas. Estos últimos son los que nos permiten crecer, nos dan herramientas para mejorar, para valorar. Así que mantengamos la lucha por tener una mejor vida, pero disfrutando la que es hoy.

“Si con estas bombas querían quebrar el espíritu humano, se equivocaron de evento. No saben de que esta hecho un runner” Boston Stands as One


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